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domingo, 15 de diciembre de 2013

Varias formas de llegar a Flores (y cómo acabé escogiendo la peor de ellas)


Para llegar a Flores, que se sitúa al este de Indonesia, se pueden tomar varias alternativas.
De derecha a izquierda: Bali, Lombok, Sumbawa y Flores
La primera, la más cómoda, es el avión. Merpati y LionAir son compañías con vuelos regulares desde otras islas de Indonesia hacia Flores.

También es posible alquilarse una moto en Lombok y cruzar conduciendo todo Lombok y Sumbawa con la combinación de dos ferries para el trayecto por mar. Si tienes tiempo y ganas de disfrutar de un viaje diferente, no duraría en tomar esta opción.   

Otra alternativa, si estás en la zona de las Gili o en Lombok, es optar por una travesía de 3 o 4 días en barco hasta Labuan Bajo. El barco es simple, pero las espectaculares vistas, el snorkling de impresión, los atardeceres y la compañía harán que sean días inolvidables. El precio varía dependiendo de tus dotes de negociación entre 1,4 millones hasta 1,7 millones. Hay varias salidas a la semana.

Mi idea era esta, me dolía un poco el bolsillo, pero opté por esta alternativa ya que me apetecían unos días de relax y parecía el plan perfecto. Contraté el tour desde Kuta por 1,7 millones, ya que incluía el transporte hasta Bengsal, desde donde saldría el barco. Pero resulta que a eso de las ocho de la tarde se presenta en mi habitación el señor de la agencia con la que había contratado para decirme que había un pequeño problema.

No quedaban plazas para el barco. Tenía dos posibilidades, o bien esperarme dos días a que saliera el siguiente barco, o coger el transporte público combinando ferry y buses para llegar hasta allí.  Y así fue como tomé la decisión de coger esta tercera alternativa, que al menos implicaba un ahorro económico. Y mirad que por lo general soy de la hermandad del puño agarrado, pero una vez pasada esta experiencia, os digo, gastad el dinero invertir en la experiencia.

Os explico este recorrido por partes.

1.     Minivan Kuta – Mataram
Minivan
Prontico por la mañana me recogen en el hostel en un mini van que nos dejaría en Mataram en dos horas. Todo muy correcto hasta aquí. Además, conozco una catalana muy simpática y charlamos todo el camino lo que siempre lo hace más ameno. Lo que ocurre es que cuando llegamos a Mataram, ella junto al resto de pasajeros del minivan, se van de vuelta hacia Bali, y yo me quedo en el medio de la nada sola esperando el siguiente transporte. Allí, a la hora o así, aparece un taxi que me pide mi billete y tras enseñárselo me conduce hasta lo que parece ser una estación de autobuses. Me dice con señas que mi siguiente bus sale dentro de tres horas. Menos mal que uno de los objetivos de mi viaje era cultivar la paciencia.

2.     Mataram – Otra punta de Lombok, cuyo pueblo no quiero ni acordarme 

La experiencia en Mataram fue una mierda diferente. Me encontré rodeada de hombres halagando mi belleza (que no viene mal en un principio) pero que después de un rato resulta agotador. No pasé miedo, pero mis nervios se vieron sobresaltados y de vez en cuando me cambiaba de sitio para evadirme, pero a los 5 minutos, todo comenzaba de nuevo. Que de donde era, que porque viajaba sola, que donde estaba mi marido… ¡Ojú! Lo único bueno es que en mi confesión verídica sobre no tener teléfono móvil por que se me había mojado, conseguí venderlo por unas 4 comidas. Si, unos 4 euros, oye, pero menos da una piedra, ¿no?
    Estación de Mataram: cuanto menos la pises, mejor. 
    Por fin llegó la hora de montar en el bus, pero la cantidad de cajas esparcidas por el suelo, las señoras intentando venderte fruta o pinchitos de cerdo más que fríos y los hombres mayores mirándote como si fueras un solomillo vuelta y vuelta andante no mejoraron la situación. Al menos, aquí conocí a dos marroquíes con los que me hice ver que me juntaba para que me dejaran un poco en paz.

    ¿Una camiseta, unos pinchitos? En este bus podías comprar de todo
    Tardamos unas cuatro horas y al atardecer montamos en el primer ferry.

    Entrada al primer ferry
    3.     Ferry hasta Sumbawa

    De forma similar al ferry que cruza desde Tarifa a Tanger, los pasajeros nos acomodamos en los asientos del ferry durante su travesía. Encontramos una sala VIP donde nos acoplamos, pero en el intento de echar una cabezada, empezaron los rezos y después un loco cantando a capela durante más de media hora. Por que locos hay en todas partes y mejor tomárselo a risa, aunque de vez en cuando busques la cámara oculta de lo surrealista que es la situación.

    Atardecer desde el ferry 
    En sólo unas horas llegamos a Sumbawa donde de nuevo montaríamos en nuestro bus.

    4.    
    Bus cruzando todo Sumbawa. Primero a Bima y después Sape

    Tras montarnos de buevo en nuestro infierno sobre ruedas bus, en lo que pareció una eternidad, llegó la hora de la cena y tras esta el intento de dormir como una sardina enlatada congelada, por que el aire acondicionado no cesó de emitir ráfagas de aire siberiano en toda la noche.

    En mi intento de buscar un sitio donde poder dormir sin que se me congelaran las pestañas, opté por ir a la zona trasera del bus, y cuando finalmente estoy medio zombie, me doy cuenta que el señor indonesio (¿se dice así?) se está acercando peligrosamente y como el que se hace el dormido, va acercando su cabeza a mis pechos. Por no armar un jaleo, me muevo de nuevo a la Antártida y tiritando veo el amanecer desde el bus cuando llegamos a Bima, donde cambiaríamos de bus.

    Viejo verde en el bus
    En el siguiente bus con más esencia local, viajamos con las puertas abiertas y al menos podíamos observar un precioso paisaje. Dos horas amenizadas con música reggaetón que retumbaba del móvil del adolescente que controlaba los tickets nos separaban del puerto, donde tomaríamos el siguiente ferry.

    Bus con esencia local
    5.     Ferry Sape – Labuan Bajo

    Si el anterior ferry duró unas dos horas, inocente de mi pensaba que éste duraría otro par de ella. Así haría un total de 24 horas, que fue el tiempo estimado que nos comentaron duraría el viaje. Pero no. Se me ocurrió preguntar a qué hora llegaríamos y quedaban nada menos que 10 horas de travesía.
    Ferry ¿molón?
    ¡Pues a ponerse cómodos señores! En el suelo era casi imposible hacerse un sitio entre tanto mango y señora mayor acostada. Los sillones estaban forrados en plástico en el que era difícil no poner a sudar, pero nada que mi fular todo terreno no pudiese arreglar.

    ¿Y yo dónde me pongo?
    En las 10 horas me dio tiempo a comer, echar una siesta, otra, hacer una pulsera, leer, ver una peli, escribir, pensar, hacer el intento de meditar y comer el mejor mango de mi viaje (por algo tenía que hacer yo este viaje, quizás ese mango sería la clave de todo).

    El mejor mango que he probado hasta ahora (5000 rupias)
    Sobre las 17:00 se empezó a ver tierra a lo lejos y, como si hubiera estado en un naufragio en el mar durante días, di un pequeño saltito y un gritito de alegría cuando por fin a las seis atracamos en Labuan Bajo. Aun así, aquello no parecía demasiado bonito y no encontraba una habitación que se ajustara a mi presupuesto tras patearme la ciudad. Pero aun así, Flores me enamoró. Os cuento cómo en el siguiente post.

    domingo, 7 de abril de 2013

    Cómo caer en las trampas de turista en Bangkok (y no morir en el proceso)


    Después de ir al mercado de fin de semana de Bangkok, morir derretida y volver al centro de la ciudad caí de lleno en el típico “timo” que hacen para “enganchar” a turistas. Estando yo informada, habiendo leído sobre ello y siendo consciente… ¡Si es que parezco tonta, pero estaba tan vulnerable! Si no los conocéis os dejo con este link que os los cuenta… pero vamos, que si el templo está cerrado y que se si me hacen un tour por la ciudad por 20 Bats en Tuk Tuk (menos de 1 euro) pasando por ciertos sitios para que puedan estampar la cartilla de subvención del gobierno. Lo curioso es que no me lo dijo el conductor del Tuk Tuk, me lo comentó un hombre muy amable que me vio perdida por la calle con un mapa. Este hombrecillo paró a un Tuk Tuk cualquiera de la calle (tenía que tener bandera de Tailandia) y se presentó muy amable diciendo que si a todo el recorrido. No incluía el Gran Palacio, pero bueno, lo quería hacer mañana de primera hora y no con la caló que estaba cayendo.

    Actualización: acabo de encontrar este post que comenta el mismo tour que me hicieron a mi esta mañana. 

    ¿Cómo fue el recorrido?

    Primero me llevó a visitar el Budha gigante, de 32 metros en concreto. Muy interesante ver como los Tais rezaban, dejaban en los pies flores y velas, y le rociaban una especie de líquido que vendían en botellas como ofrenda. Me queda pendiente averiguar que es.

    Después empezó lo sospechoso, aun que yo en el fondo sabía que vendría desde el momento que me monté en el Tuk Tuk… parada en una agencia de viajes. Entro, le cuento mis planes al agente turístico, me intenta vender un paquete. No compro. Fin de la historia.

    Siguiente parada el “Lucky Budha” que en realidad no tiene gran interés, pero bueno… otra cosa que ví.

    Y después otra parada cansina, “Thai factory”, que intentaban venderme un vestido a medida. De nuevo con una estupenda sonrisa explico que no tengo dinero y que tengo una mochila pequeña (todo cierto) y que no puedo comprar nada.

    Y seguimos… ahora parada en el Monte Dorado, que según comenta Pol de mundonomada en su guía de Bangkok es "Un pequeño monte con un templo y una estupa, como una cruz en la religión cristiana, gigante arriba. Ofrece vistas estupendas de la parte antigua de la ciudad, aunque también se puede apreciar la zona de negocios (rascacielos). Mejor ir temprano o tarde ya que debes subir 300 escalones y si el sol aprieta puede ser duro. Pues yo a las 14:00 empecé a subir las escaleras y corroboro que el sol aprieta... menos mal que no tengo con quien quejarme.





































    ¿Lo bueno? Que iba con tiempo, no me importó la ruta turística, visite varios Wat, es decir templos,  y encima no pague nada. ¿Por qué? No encontré al conductor después de bajar las 300 escaleras del Monte Dorado y pues continué mi trayectoria. ¿Lo malo? Vueltas por la ciudad que si vas con prisas no te compensan y tener que decir que no vas a comprar nada de los sitios que visitas. Y por supuesto: el sentimiento de sentirte tangado.

    Tras la visita del Monte hago una parada merecida y como algo. Buenísimo.
























    Sigo con mi rollo y me pongo a andar, sacando lo mejor de mi para entender el mapa de Bangkok. Llego hasta el columpio gigante, con el ayuntamiento al fondo y visito Wat Suthat, donde disfruto mucho sentada un rato simplemente pensando…

    Sigo a pie y camino hasta el Gran Palacio, que cierra a las 15:30 (según los carteles de la entrada), y ando hasta el canal para coger un barco para adentrarme en Thonburi, la zona de Bangkok que queda al otro lado del río, y que normalmente no se visita. ¿Qué hay? Mucha pobreza, más templos, colegios de color lila y casas (tipo Venecia) inclinadas. 2 horas 1000 Bats regateando. Casi me quedo dormida por el camino, estaba atardeciendo y empezaba a sentirme más a gusto con la ciudad. Visitamos Wat Arun con el atardecer, y pese a estar cerrado, merece la pena por verlo de noche. 





































    Retomo  mi actividad de turista y me dirijo al China Town (calle Yaowarat). Impresionante tráfico y muchos chinos (de ahí el nombre del barrio supongo), comida  por toda la calle y visita a un supermercado (que me gusta). 
    Y ahora os dejo que un grupo de brasileños están cantando “nossa nossa… ai” con la guitarra y no es plan de seguir con el portátil.

    ¡Besazos!