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jueves, 25 de abril de 2013

Mi primer amigo Tai en Chiang Rai


Pese haberme dormido tarde la noche anterior, y no haber puesto la alarma, me levanto pensando que sería súper tarde, pero el reloj tan sólo marcaba las 07:30. ¿Por qué pasará que cuando estás de vacaciones tu cuerpo no te pide dormir tanto? ¿O será que ya me estoy haciendo mayor y por fin mi cuerpo no me pide al menos 8 horas de sueño?

Bueno, me levanto, y también se levanta la chica que estaba en la habitación. Entablamos conversación, con las típicas preguntas entre muchos mochileros. “¿De dónde eres?”, “¿de dónde vienes?”, un “¿cómo te llamas?”, y ya es suficiente para hacernos amigas y salir a desayunar juntas.


Desayunar en Tailandia es algo raro. Raro por que no existe una comida especial para el desyauno, la gente se zampa los mismos noodles o arroz que por a mediodía o a las tantas de la noche. Hasta ahora yo he optado por pedir trozos de fruta cortada o smoothies (está buenísimo y está entorno a 20-30 Bats, es decir, menos de un €) o galletas del 7/11 (supermercado que ya os he comentado) o incluso algo dulce de la calle, pero nada de pan tumaca con jamón. Ayer tocaron noodles para desayunar, y que quieres que diga, pues bueno, es cuestión de cogerle costumbre, y si tienes hambre no le pones pegas.
La chica resulta ser Caroline de Estados Unidos, que ha sido profesora de inglés en Bangkok un semestre, y con el dinero ahorrado (si si, no cobraba mal, entorno a los 1200 dólares al mes) actualmente está viajando antes de regresar a su casa. Me comenta que tenía planeado quedar con un amigo Tai que conoció en Estados Unidos y que irían a ver el templo blanco. ¡Perfecto, me apunto!La verdad que la actitud de mochilera/viajera/aventurera debe ser esa. Ir con el sí por delante. “¿Quieres dar de comer a elefantes?”, “¿quieres hacer autostop hasta el siguiente pueblo?”, ¿quieres…?”. En su mayoría debes responder si. Me dijo un buen amigo durante este viaje: “bad decisions, make good stories”; en español “las malas decisiones llevan a buenas historias”. Pero, señores, señoras, mama, no os alarmeis, siempre con coherencia y cabeza. Y lo mejor, cuando veas algo raro, sal pitando. Como vas sola, pues no hay problema en escaparse de situaciones en las que no te encuentras cómoda.

El día resultó redondo, visita al templo blanco, que es totalmente diferente a los otros 3000 templos que ya he visitado, visita a una catarata con caminata de por medio que hizo hueco para una estupenda comida sobre el río en mesas de bambú. Todo, incluyendo transporte, cortesía de Khan, el amigo Tai de Caroline, que además resultó muy simpático, y para ser Tai, alto y guapo.

El Templo Blanco (Wat Rong Khun)
El Templo Blanco con Khan
 Feliz comiendo sentada encima de bambu y del río
Enamorada de la comida Tai
Terminamos la tarde dando un paseo tranquilo por el Night Bazaar, donde comimos una olla de sopa sweet&sour que de nuevo estaba increíble y vimos un espectáculo de Lady Boys. ¡Están por todas partes en Tailandia! Nos comentó Khan, que el 13% de la población Tailandesa, son Lady Boys: hombres con tetas que parece mujeres, pero mantienen su miembro masculino. Mi interés por ellos termina ahí.

Detalle del contenido de la olla
Ollas Sweet&Sour del Night Bazzar en Chiang Rai
Después nos acercamos a un bar raggae Tappee Bar cerca de la estación, y seguí con la prueba de diferentes cervezas locales, en está ocasión tocó Leo. Mucho más suave que la Chang, con menos contenido en alcohol también, más parecida a una Heineken.
Beer Leo
El bar estaba vacío, pero así pudimos conocer a los dueños, que se hacían llamar “Timón y Pumba”, dos hippies con rastas de la vida, pero cada uno con sus estudios oye, arquitecto y diseñador de interiores. Un buen bar con buena música, pero lo mejor fue que sacaron la guitarra para preparar un vídeo de cumpleaños feliz a Rocío, que desde aquí vuelvo a felicitar, (¡guapa!) y se quedaron tocando la guitarra un buen rato más.

Se hacía llamar timón en Teepee Bar Chiang Rai
Pero back to bed prontito, que a la mañana siguiente tocaba madrugar rumbo a Laos. 

miércoles, 24 de abril de 2013

De Chiang Mai a Chiang Rai


Después de la semana en la jungla con elefantes dispongo a seguir con mi viaje sin tener claro si volver al sur a Kho Tao (isla famosa por el submarinismo) invitada por dos americanas especialmente divertidas, ir a Pai, pueblo que parece que está de moda entre mochileros o ir hacía Laos, ya que me habían hablado maravillas de este país. Decido proseguir por Laos, ya que estaba al norte de Tailandia y tenía sentido por cercanía… ¡ya tendré tiempo de llegar a las islas! Aun así, no me despido de las americanas, es tan sólo un hasta luego, puesto que quedamos en vernos en la Full Moon Party de Junio. ¡Buen plan!

Para seguir hacia Laos la entrada más frecuente por tierra en el norte es desde Chiang Khong, pero hay una parada intermedia en una cuidad que me apetecía descubrir: Chiang Rai, y así me evito trayectos en bus de horas y horas.
Detalle de mi trayecto 

Detalle del billete: 144 Bats 

Tras llegar a la parada de autobuses de Chiang Mai compro un billete con dirección a Chiang Rai que salía a la media hora, ¡perfecto! La compañía es el Green Line bus, y podeis ver los horarios online. Sólo cuesta 144 Bats por casi 3 horas de trayecto (unos 200 km).
En la estación de Chiang Mai, asiento reservado para monjes

Tras un poco de lectura (estoy con 50 sombras de Grey) y un poco de mareo (la carretera empezaba a estar realmente movida) llegamos a la estación de autobuses vieja de Chiang Rai, bien, por que esta estaba cerca de un hostal con buenos precios que había visto en la Lonely Planet: The North Hotel.
Foto de la estación de buses "vieja" de Chiang Rai

Llego al hostel andando, mejor, por que odio los Tuk Tuk simplemente por sentirme estafada cada vez que intento coger uno, y pese no tener reserva están encantados de recibirme y tienen una cama en una habitación de 6 personas con baño. 200 Bats, unos 5€. ¡Yessss, esta si es la vida mochilera!

Llego a la habitación y sólo hay una chica durmiendo (sólo eran las 9 de la noche) pero no quiero molestar. Aun así, se da media vuelta y me dice que está enferma. Sin más, y con toda la buena voluntad, le pregunto que si necesita algo… “No, just sleep”. La dejo tranquila y me voy a descubrir un poco los alrededores, para destacar el Night Bazar. 

Night Bazaar de Chiang Rai